Tecno y Nación Vidas e historias

La muerte del Cóndor

Los funcionarios presentes en la base norteamericana estaban satisfechos. Todo había salido según lo planeado. Los técnicos colocaron la última de las carcazas en la prensa hidráulica, y la accionaron. Con un fuerte chirrido, las mandíbulas de metal aplastaron las últimas piezas del aparato.

Así terminaron los  esfuerzos de muchos técnicos, científicos y militares argentinos que, a miles de kilómetros de allí, habían participado en el proyecto de un cohete argentino.

Eso fue todo. El Cóndor quedó reducido a bloques de chatarra. Pudo haber elevado 500 kilos de carga útil hasta unos1.000 kmde altura, pero cayó (o lo dejamos caer). Había nacido como un proyecto de defensa en el contexto de la dictadura, pero -más tarde o más temprano- nos hubiera permitido participar en el mercado de los lanzamientos de cargas al espacio.

La  historia del Cóndor sigue aún hoy rodeada de misterios. En ella se entremezclaron vendedores de armas, traficantes de tecnología, financistas, agentes secretos, militares y científicos. Hombres de empaño y también traidores. Un verdadero concierto de claroscuros.

No es que nunca hubo intentos por recuperar la memoria sobre sobe esta historia ya casi olvidada. Fueron varios los  periodistas que investigaron el programa Cóndor: Barcelona y Villalonga, Daniel Santoro y  Martín Granovsky. Sin embargo, hay sutiles diferencias entre estos trabajos y otras fuentes dispersas. Y  aún hoy, después de 15 años, es casi imposible obtener imágenes del cohete o lograr una entrevista con quienes participaron en su construcción. De alguna forma,  el secreto del Cóndor sigue bien guardado.

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