Lo que viene Tecno y Nación

La genética que sabemos construir

Crédito: INTA

Todo comenzó –públicamente, al menos– allá por el año 1997. Ese 23 de febrero, la noticia del nacimiento de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado, ocupó las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo. En realidad, Dolly había nacido el 5 de julio del año anterior, pero el hecho no se conoció hasta algunos meses después, cuando los investigadores del Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia) la presentaron en sociedad y revelaron que era el resultado de una trasferencia nuclear desde una célula donante adulta a un óvulo no fecundado y sin núcleo, que luego fue implantado a una hembra portadora.

El doctor en biotecnología Adrián Mutto, investigador del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas del Instituto Tecnológico de Chascomús (IIB INTECH), perteneciente a la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y el CONICET, explica que “en términos técnicos, la clonación es la transferencia nuclear de las células somáticas”.

Para decirlo más fácilmente: “es la técnica por la cual uno puede fotocopiar un animal”, asegura el doctor Mutto, uno de los científicos más respetados del país en materia de clonación.

“Es una fotocopiadora biológica –continúa con su comparación–, en la que logramos engañar a la célula donante –la célula del animal que tiene toda la información genética para crear al clon–, y regresarla en el tiempo. Le hacemos creer a esa célula que es embrión otra vez, con todas las implicancias moleculares que esto conlleva. Así, se pueden obtener dos animales genéticamente idénticos”.

Sintetizando: la técnica consiste en tomar un ovocito (óvulo) de una hembra de la especie a clonar, retirarle el núcleo –donde están los genes– e introducirle una célula de la piel del animal donante. La inmersión en el ovocito provoca la “reprogramación” de esa célula, que así deja de tener las características específicas de una célula de la piel y queda indiferenciada. Es decir, se la reprograma para ser una célula embrionaria. Mediante técnicas de laboratorio se induce la división de esta célula, que da lugar a un embrión. Éste se implanta, luego, en una hembra adulta y se lo monitorea hasta el nacimiento.

De esta manera, la clonación permite contar con muchas copias, idénticas, de animales que interesa conservar, ya sea por sus características naturales (producción de leche, salud, longevidad, etc.), o por las nuevas características que se le han introducido gracias a las tecnologías de manipulación genética. Tales copias son organismos denominados “transgénicos”: animales cuyo ADN  resultó alterado, luego de que se le introdujeran genes que los vuelven más productivos.

Deja un comentario