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Energías Renovables

BIOMASA, EL COMBUSTIBLE ECOLÓGICO

Ya en 1969, la Asamblea General de Naciones Unidas planteó la necesidad de buscar políticas alternativas que apuesten al cuidado del medio ambiente. Desde esa primera voz de alarma existen investigaciones en todo el mundo sobre el tema. Una solución posible es el uso de la biomasa de origen forestal con destino a bioenergía. En Argentina se generan anualmente más de un millón de toneladas de estos residuos considerando únicamente los provenientes de aserraderos.
Miércoles 14 de Junio de 2017

La biomasa es aquella materia orgánica de origen vegetal o animal, incluyendo los residuos y desechos orgánicos que permite su aprovechamiento energético. Las plantas transforman la energía radiante del sol en energía química a través de la fotosíntesis, y parte de esta energía queda almacenada en forma de materia orgánica. De la biomasa producida hace millones de años preceden los combustibles fósiles después de haber pasado por grandes procesos de transformación hasta la formación de sustancias de gran contenido energético como el carbón, el petróleo, o el gas natural, etc. Actualmente, el 82% de la energía que se consume a nivel mundial es de origen fósil, es decir, proviene del petróleo, gas y carbón.

La Doctora en Ingeniería Química, María Eugenia Taverna afirma: “Desde las últimas décadas del siglo XX, los principales esfuerzos en cuanto a la problemática energética y ambiental consistieron en la disposición de residuos en un modo sustentable, y la necesidad de contar con fuentes de energía limpias y abundantes. Una solución consiste en el uso de residuos de biomasa para producir energía, que por un lado permite el aprovechamiento de residuos y por otro lado representa una alternativa a los combustibles fósiles”.

 

Combustible histórico

La penetración de los combustibles derivados del petróleo fue ganando lentamente mayor mercado a través de los años. Junto a la crisis energética iniciada en los años 70 y gran parte de los 80 se generó el interés por los biocombustibles. Las múltiples iniciativas que se desarrollaron en Uruguay y Brasil, para citar dos ejemplos que de ninguna manera son únicos, son representativos de dicha época y del tema de la reunión. Al respecto se han llevado a cabo varias convenciones reconocidas a nivel mundial, tales como las convenciones de Río 1992 y Kyoto 1997, entre otras, que han abordado la problemática desde distintos puntos de vista.

 

Según el Oficial Principal Forestal Madera para Energía de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, Miguel Angel Trossero, los motivos principales que han motivado el uso de estos combustibles en la generación eléctrica son de índole histórica: “Diversos años atrás, la generación de electricidad utilizando la combinación de caldera, motor a vapor y generador eléctrico, era la solución más corriente disponible en el mercado. En la mayoría de los casos se encontraban una gran cantidad de combustibles vegetales que estaban disponible localmente y que constituían una solución rentable. Este aspecto era particularmente importante en las zonas alejadas de los centros urbanos más desarrollados”.

Beneficios ambientales de la biomasa como combustible

 

Taverna, quien además es Profesora adjunta UTN-Facultad Regional San Francisco. sostiene que: “El principal beneficio de los combustibles de la biomasa reside en que el dióxido de carbono liberado a la atmósfera durante su combustión que debió ser previamente absorbido durante la formación de esa biomasa en el proceso de fotosíntesis, lo cual hace que el ciclo de carbono cierre perfectamente y por lo tanto no contribuya al calentamiento global de la misma manera que lo hace un combustible fósil ”.

El empleo de la biomasa como fuente alternativa de energía limpia se ha visto considerablemente ayudado por una serie de factores: Subida del precio del petróleo; crecimiento de la producción agrícola ;el cambio climático; aumento 

 

de la preparación técnica y el conocimiento científico en la investigación de renovables; un escenario económico propicio para la explotación de plantas de biomasa y trabas burocráticas a otro tipo de promoción de energías renovables. Por estas razones son muchos los países que optan por hacer uso de centrales de biomasa, siendo Europa el principal foco de actuación con las cinco centrales más grandes del mundo en Inglaterra, Polonia y tres en Finlandia. Todo el dióxido de carbono liberado a la atmosfera al quemar combustibles provenientes del bio-oil debió ser previamente absorbido durante la formación de la biomasa que le dio origen a ese bio-oil. Lo cual hace que el ciclo de carbono cierre perfectamente y por lo tanto no se incremente el calentamiento global. Por otro lado, el costo del petróleo ha aumentado en los últimos años, mientras que los residuos de actividades forestales, agrícolas e industriales tienen un costo prácticamente nulo.

Producir lo que produce

 

De los residuos de aserraderos en el país, se podrían obtener unos 300 millones de litros de nafta y diésel, que representa algo más del 20 por ciento de lo que se consume anualmente en el país. Esta innovadora forma de obtener energía a partir de los residuos agrícolas e industriales se basa en el proceso de pirólisis con posterior conversión catalítica del producto líquido obtenido. La pirolisis consiste en “quemar” la biomasa sólida en ausencia de oxígeno, lo que permite obtener en pocos minutos un producto líquido denominado bio-oil, que podría considerarse “petróleo renovable”. A modo comparativo, esto sería como acelerar el proceso de generación de petróleo, reduciendo el tiempo de varios millones de años a, literalmente, unos pocos segundos.

 

A diferencia del petróleo y los productos que de él derivan (nafta y diésel), que se componen esencialmente de carbono e hidrogeno, las moléculas del bio-oil son oxigenadas y por ello corrosivas y de bajo poder calorífico. Existen varias plantas industriales de pirolisis que permiten obtener el bio-oil en el mundo. El bio-oil actualmente generado en esas industrias no se convierte en nafta y diésel para su uso en vehículos, sino que se emplea como reemplazo de fuel-oil en calderas.

La especialista explica que en nuestro país las políticas públicas comenzaron a evidenciarse en la década del 70’ bajo el impulso del programa PROALCOOL que se llevaba a cabo en Brasil. Así, bajo el marco del Plan Alconafta se empezaron a realizar las primeras mezclas de alcohol etílico con nafta en varias automotrices tucumanas. La comercialización de las alconaftas tuvo lugar en la década del 80’ en las provincias de Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca.

 

En septiembre de 1985 se sancionó la ley Nº 23.287, que declaró de interés nacional el Plan Alconafta promoviendo que distintas regiones y provincias produjeran en forma gradual alcohol etílico para su uso como combustible de motores, solo o para mezcla con naftas. Este plan fracasa a fines del 80’ debido a problemas en los cultivos de caña de azúcar (principal fuente de obtención de alcohol).

En 2006 se sanciona la ley Nº 26.093 sobre biocombustibles, que estableció la incorporación de un 5% de bioetanol y biodiesel en los combustibles que se comercializan en Argentina.A partir de esa fecha, diferentes instituciones de Argentina, como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) , realizan investigaciones 

 

en relación a los biocombustibles, atendiendo las necesidades de organismos federales como la Secretaría de Energía (SE), la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SAyDS), el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

Productiva (MCTIP), así como gobiernos y reparticiones provinciales y municipales y del sector agropecuario en general. El INTA trabaja en conjunto con organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico, Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA-PROCISUR) la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el Global Environment Facility (GEF), y la Environmental Protection Agency de los Estados Unidos de América (EPA).

A través de la Ley Nº 26.093, se creó el Programa para la Promoción de la Energía Derivada de Biomasa (PROBIOMASA) dependiente de la Subsecretaría de Bioindustria, de la Secretaría De Agregado de Valor del Ministerio de Agroindustria que promueve, entre otras cosas, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energético mediante la utilización de residuos orgánicos de la agricultura y agroindustria para la generación energética. En Argentina, luego de la implementación de la Ley, se ha incrementado gradualmente el porcentaje de bioetanol y biodiesel incorporados en la nafta y diesel, respectivamente. El último decreto del año 2016, estableció un porcentaje del 10 a 12% en volumen de biocombustible en naftas y diesel de uso automotor a comercializarse en todo el territorio nacional.

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