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China apunta al cielo

15 Abril, 2017 - Tecno y Nación

Angelo Codevilla, especialista en historia militar y ex asesor del Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos, denuncia preocupación de los planificadores de las políticas de Defensa de Washington, como consecuencia del progreso verificado por China para lanzar al espacio artefactos armamentísticos aptos para destruir satélites enemigos.

El profesor emérito de la Universidad de Boston reconoce la potencia superior del entramado militar de Estados Unidos, pero observa como cuestión elemental la dependencia que tiene de las informaciones provistas por los satélites que orbitan -y espían- desde el espacio. Destaca la vulnerabilidad de los satélites geoestacionarios, cuyas antenas se componen de redes de cables hiperdelgados, sumamente sensibles, al punto que un trivial impacto energético puede anular su funcionamiento. Esto último sería el objetivo chino, empleando al efecto dispositivos con emisión láser.

Codevilla diferencia el “fuego” láser desde el espacio, proyectado por China, de los cohetes que son disparados desde la superficie terrestre: “Desmontar redes satelitales con cohetes requiere mucho tiempo y habilita a una rápida represalia. Una o más armas láser estacionadas en órbita, sin embargo, podrían desactivar o destruir grandes números de satélites en pocos minutos”.

En el 2016 un general de la Fuerza Aérea norteamericana transmitió temores similares ante sus congresistas, con el objeto de incrementar las partidas presupuestarias destinadas al complejo militar industrial del que participa. Es difícil saber a ciencia cierta qué tan cerca están los chinos de contar con instrumento bélico tan formidable, pero lo cierto es que desde hace décadas que invierten recursos en esta materia. En el 2007 llamaron la atención de varios decisores militares de los países centrales, por el exitoso lanzamiento de un misil anti-satélites, que configuró la primera prueba de este tipo en todo el planeta desde el fin de la Guerra Fría. Norteamérica cesó con sus pruebas en 1985, para evitar -tal fue lo que alegaron- la producción de nubes de escombros como resultado de los satélites afectados.

En cualquier caso, es recomendable que los acuerdos de cooperación espacial celebrados con las potencias centrales o reemergentes tengan en cuenta los intereses, usos y fines tecnológicos en juego, para poner a resguardo la integridad soberana, al tiempo que se persigue la mayor autonomía científica posible.

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