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TECNOLOGÍAS DE VIGILANCIA. INVASIÓN Y PRIVATIZACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO

Las cámaras corporales empleadas por la policía estadounidense incumplen sus objetivos de control e implican graves amenazas para las libertades públicas y las vidas privadas
Miércoles 29 de Marzo de 2017

En un artículo publicado por The Intercept Ava Kofman denuncia los peligros inherentes al empleo de cámaras corporales por parte de agentes policiales de los Estados Unidos. A través de estos dispositivos las tecnologías de reconocimiento facial en tiempo real permitirían la transferencia de datos concernientes a las personas captadas por sus lentes. Toda la ciudadanía se transforma en objeto de vigilancia y fuente de informaciones que son manipuladas y editadas por las fuerzas de seguridad, y ordenadas y conservadas por servidores privados.

Las cámaras corporales se introdujeron con el objeto declamado de controlar las acciones policiales y restringir ejercicios de autoridad desproporcionados o abusivos. Sin embargo, los agentes que portan estas cámaras no siempre las activan oportunamente, de hecho suelen estar apagadas cuando se producen eventos comprometedores, en particular cuando civiles son heridos de muerte por disparos policiales.

Para peor, las legislaturas de estados como Carolina del Norte, Illinois, Carolina del Sur y Texas, entre otros, han aprobado leyes que restringen el acceso a las imágenes obtenidas y conservadas por las cámaras. Las restricciones se justifican en la necesidad de salvaguardar las existencias privadas captadas, lo que de alguna manera informa la incoherencia de apelar a un instrumento invasivo hacia humanidades distintas a la del portador, toda vez que el control ciudadano no puede ejercerse, vaciando la finalidad pública por la cual se invirtieron decenas de millones de dólares. De hecho, la capacidad de editar los contenidos, habilitan la construcción de narrativas funcionales al interés corporativo.

Resulta emblemática la muerte a balazos de una joven de 19 años, por un miembro de la policía de Albuquerque en abril del 2014. Ni una sola de las cámaras corporales de los 6 agentes involucrados en el hecho, incluso del que hizo fuego, aportó grabaciones relevantes para el esclarecimiento definitivo del hecho. Reynaldo Chávez, responsable de la custodia de las grabaciones, declaró que era normal la alteración, supresión o retención de imágenes por parte del departamento de policía. El sistema diseñado y vendido por la empresa Taser pemite estas manipulaciones. Esta empresa, líder en la comercialización de cámaras corporales, avanza en el desarrollo de aplicaciones susceptibles de realizar análisis en tiempo real de las imágenes obtenidas, para proporcionar informaciones relativas a toda persona que se desplace en las proximidades de sus usuarios.

Las informaciones y datos recolectados por las cámaras tienen como destino final los servidores pertenecientes a una entidad afiliada de Taser: evidence.com. Registremos que lo que se vendió como tecnología de restricción de violencias institucionales, mutó rápidamente a una privatización del sistema de vigilancia, del espacio público y de la intimidad de decenas de miles de ciudadanos que desconocen la penetración, absorción y almacenamiento de sus historias, registros y acciones privadas. ¿Qué usos darán a este contenido sujetos motivados por intereses lucrativos? ¿Cómo funciona la ingeniería algorítmica que nutre las aplicaciones que están diseñando? ¿Son auditables los usos de la información y los algoritmos aludidos?

La preocupación por el empleo de las cámaras corporales llevó al Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara Baja norteamericana a celebrar una audiencia el 22 de marzo último, para evaluar las implicancias de este tipo de tecnologías. En el encuentro se reveló que la mitad de las fotografías de los ciudadanos americanos adultos son almacenadas en una base de datos del FBI, sin su conocimiento y sin mediar intervención judicial, que la tecnología de reconocimiento facial utilizada por esta agencia carece de supervisión, y que no es evaluada para detectar errores en las identificaciones o sesgos raciales en el diseño del sistema. Sucede que los algoritmos utilizados para detectar coincidencias son inexactos el 15% de las veces, con mayor propensión al error cuando se trata de ciudadanos afroamericanos.

El congresista Elijah Cummings agudamente observó: “Si eres negro es más probable que seas sometido a esta tecnología, y es más probable que esta tecnología esté equivocada”. Por su parte, el presidente del comité legislativo, Jason Chaffetz, alertó sobre un empleo de las cámaras que atente contra la libertad de expresión y de libre asociación, cuando son empleadas en el marco de reuniones políticas y protestas, grabando  las respectivas asistencias, para su posterior -o inmediata- identificación.

A riesgo de incurrir en un lugar común, esta nota cierra con las palabras del profesor de historia Melvin Kranzberg: “La tecnología no es buena ni mala, pero tampoco neutra”.

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