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La ley de hierro de la modernidad digital (segunda parte)

24 Abril, 2017 - Vidas e historias
La ley de hierro de la modernidad digital (segunda parte)

Neera Chandhoke examina a la sociedad civil como un fenómeno moderno que es parido en el mismo proceso histórico del que emergen el estado y el mercado modernos. Parece conceder al poder estatal una relevancia que Tilly reduce. Esto último no queda claro, ya que el cientista social de la Universidad de Columbia es muy preciso cuando afirma que la tercera oleada globalizante socavó “el poder central de la mayoría de los estados”. No refiere al poder estatal a secas, ni al poder de todos los estados, tampoco discrimina entre estados poderosos y periféricos. No obstante, encuentro sumamente sugerente las siguientes líneas, contenidas en su historia de los movimientos sociales: “las organizaciones no gubernamentales más centralizadas y con sede cerca de los grandes centros de poder mundial han demostrado ser más duraderas”.

Edificadas sobre la potencia de lo digital, son lugares comunes las profecías paranoicas que anticipan escenarios apocalípticos para las entidades estatales, así como las relaciones utópicas que vislumbran nuevas y definitivamente igualitarias prácticas sociales. Se puede conjeturar un proceso en el cual las innovaciones tecnológicas son presentadas con una espectacularidad que magnifica su novedad e impacto, el que no debe por ello ser menospreciado. Sucede que las emanaciones de la Internet y los dispositivos comunicacionales que la movilizan mantienen un diálogo contradictorio con las notas tipificantes de la modernidad.

Las infinitas bibliotecas disponibles en nuestras pantallas pueden construir individuos más racionales, ¿pero no son ellas boicoteadas por algoritmos diseñados en base a psicologías sociales y economías de comportamientos que activan conductas impulsivas y emocionales? Las tecnologías móviles y autómatas pueden transmitir doctrinas emancipadoras, ¿pero, con cámaras de eco y sustituciones laborales de por medio, no resucitan también tradiciones e ideologías  excluyentes y sectarias? Las nuevas tecnologías comunicacionales igualan el acceso a conocimientos y servicios esenciales, pero a cambio de evidenciar en cristalinas pantallas consumos de que son privados millones de usuarios digitales y al precio de conducir a otros -menos- millones a la homogeneización de existencias frívolas y relaciones desterritorializadas ¿Avanzamos hacia una mayor secularización o proliferan nuevas religiosidades de la inmediatez y el consumismo entre los “conectados”, de impronta radical o nacionalista entre los marginados que buscan refugio en sus afiliaciones espontáneas?

En cualquier caso, las mejores respuestas a esos interrogantes son materializadas por las ingenierías con mejor organización y un grado importante de centralidad. Estas organizaciones tienen mayores oportunidades de perdurar, obtener y preservar lealtades, y formular agendas originales, en la medida que no desconecten sus acciones de la confrontación y el intercambio real con las humanidades que representan. Las ONGs domiciliadas en las vecindades de los grandes centros de poder perduran por su mayor centralidad como indica Tilly, pero también, como enfatiza Chandhoke, por incorporar el interés supremo de los actores centrales del establishment global: no alterar su agenda.

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